Como mundos distintos

El polvo de ladrillo tiene más torneos, permite un juego más lento, variado y estratégico; el césped cuenta con sólo seis competencias y predominan los jugadores con buen saque y devolución.

Dentro de las cuatro superficies que dominan el circuito de tenis profesional, dos son las que nos ocupan para “La Batalla de las Superficies”: el polvo de ladrillo y el césped. Quedan fueran de escena para la ocasión el cemento y las sintéticas.

Se trata de dos pisos sumamente diferentes. El polvo, con su tradicional color anaranjado, cuenta con una etapa más amplia, subdividida, en tres, en el calendario anual de la ATP. Tras un período preliminar en Latinoamérica, la más importante es la segunda, en Europa, que se inicia a mediados de abril y que tiene como culminación Roland Garros, incluidos varios Masters Series, como Montecarlo, Roma y Hamburgo.

Es el polvo de ladrillo donde se pueden apreciar los partidos más largos y trabajados en cuanto a la estrategia, y en los que menor incidencia tiene un aspecto vital en el tenis de hoy: la calidad de los saques. Además, le posibilita a los jugadores desplazamientos que son impracticables en otras canchas, como resbalar y poder impactar a la pelota más allá del alcance lógico del cuerpo. Para los amantes del tenis, que anhelan ver mucho juego, variantes y piques con toda clase de efectos, el polvo, producto de su lentitud natural a veces combatida con pelotas más veloces para que no disminuyan las atracciones, se constituye en una excelente propuesta.

Distinta es la realidad del césped, la superficie más rápida que se puede encontrar conjuntamente con algunas carpetas sintéticas. El pasto, a diferencia del polvo, no cuenta con una gran cantidad de torneos. Son apenas cuatro semanas, una vez concluido Roland Garros, e incluye seis competencias: Halle, Queen’s, s’Hertongenbosch, Nottingham, Wimbledon y Newport. Los protagonistas tienen muy poco tiempo de adaptación para lo que, claramente, es otra clase de tenis, donde el saque y, especialmente, la devolución cobran un valor preponderante. Además, requiere tener swings de menor recorrido, resulta imposible deslizarse porque el tenista se clava en el piso, se juega más agachado, no tan erguido, y los puntos son más rápidos y cortos.

Dos pisos distintos que se van a ver las caras con sus máximos exponentes del momento. El pasto v. la tierra batida, o Federer v. Nadal. Un choque de estilos.

The Battle of Surfaces

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