
“The Battle of Surfaces” fue un evento único, que no registra antecedentes en la historia del tenis. Tuvo como protagonistas a los dos mejores jugadores del mundo: el suizo Roger Federer y el español Rafael Nadal. Se jugó el pasado 2 de mayo, en el Palma Arena, en Palma de Mallorca, un escenario recientemente inaugurado, y tuvo una particularidad: una mitad de la cancha era de polvo de ladrillo y la otra mitad de césped.
Se trató de dos auténticos especialistas. Federer es el rey de la hierba y último campeón de Wimbledon, donde ha ganado en forma consecutiva desde 2003 a 2006. Nadal es el rey de la tierra batida, campeón en las últimas dos temporadas de Roland Garros. Así, estarán frente a frente quienes gobiernan el circuito de ATP y jugando en sus superficies predilectas.
El partido tuvo las características normales. Es decir, se jugó al mejor de tres sets, con los cambios de lado usuales, en los games impares. Teniendo en cuenta la particular cancha, también los jugadores realizaron los cambios de zapatillas necesarios para cada superficie.
“The Battle of Surfaces”, mucho más que un partido.
El Palma Arena se construyó en 14 meses y demandó una inversión de aproximadamente 50 millones de euros. Tiene un diseño arquitectónico espectacular y ya albergó el Campeonato Español de Ciclismo.
El Palma Arena es un escenario especial. Se empezó a construir en noviembre de 2005, a partir de un proyecto del arquitecto Ralph Shürmann. Detrás del emprendimiento hubo un alma mater que anhelaba contar en su país con un complejo de envergadura: el ciclista Joan Llaneras, siete veces campeón mundial y también rey olímpico. Un símbolo del deporte español.
Se estima que el Palma Arena tuvo un costo de 50 millones de euros y se le reservó uno de los mejores lugares de Mallorca, sobre la Avenida de Uruguay. Se construyó sobre un predio de 90.000 metros cuadrados, en 14 meses, tiempo considerado récord. Tal como lo fijaban los objetivos, se inauguró para los campeonatos nacionales de ciclismo, el 28 de febrero de este año. Con un fino diseño arquitectónico, climatizado y dotado de cristaleras que dejan entrar la luz natural proveniente del Mediterráneo y le dan una fisonomía particular. En aquella ocasión, contó con capacidad para 5000 personas y un sector de parking, techado y descubierto, para 1000 automóviles.
La idea original, con una inversión de la que participó activamente el gobierno balear, fue no generar solamente un espacio deportivo, sino que a partir de su nombre funcione como un revulsivo de la ciudad. Ahora, las dos mejores raquetas del mundo, Roger Federer y Rafael Nadal, pondrán más en órbita a Mallorca.
